«Cielo, agua, tierra y metal. La vía férrea de La Fregeneda», de Eduardo Margareto

El tren es un medio de transporte muy romántico. No solo por el habitáculo en sí, sino por todo lo que hay a su alrededor. Las estaciones, lugares variopintos de encuentros y desencuentros; el sonido de los trenes, el humo, los vagones, los revisores. Es, sin duda, una atmósfera muy visual y cinematográfica.

La primera vez que traspasé ese espacio iniciático hacia lo desconocido de la línea férrea de La Fregeneda, en Salamanca, fue en los años Noventa del pasado siglo. A varias personas escuché que era un lugar increíble y que también suponía un recorrido con cierto peligro, lleno de emociones. Y reconozco que no exageraron lo más mínimo.

«Cielo, agua, tierra y metal» es un viaje visual, histórico y sentimental por el tramo más espectacular del tren del Duero.

Eduardo Margareto, director

Llegué a la estación abandonada de Valdenoguera, en La Fregeneda, un espacio que evocó en mí un mundo pasado y en el que pronto mi imaginación visualizaba el trasiego de pasajeros ante la ventanilla de venta de los billetes, mientras otros aguardaban ya, en medio de un divertido alboroto, la presencia del tren. Ciertamente, las imágenes de esta estación me cautivaron, suscitando una inusual melancolía. Todo ello provocó una creatividad a flor de piel, que se tradujo en una incesante captura de imágenes con mi cámara: de la línea de hierro que se perdía en el horizonte, de las ventanas de la estación que parecían como dos ojos mirándome fijamente, de los grafitis que asomaban entre la vegetación, … Y, al fondo, el primer túnel.

El túnel número 1 tiene una longitud de más de 1.500 metros. Nada más adentrarte en su interior ves un puntito de luz al fondo, que tarda en aumentar de tamaño bastante más de lo que crees al principio. Cuando llegas al final del túnel, te sumerges en un viaje fascinante, con un paisaje único en el mundo. Un singular recorrido de 17 kilómetros hasta la localidad portuguesa de Barca D’Alva, en el que tienes que atravesar veinte túneles y trece puentes. El río Águeda, encañonado y luciente, te acompaña en todo el trazado, además de ser la frontera natural entre España y Portugal.

Este espacio natural es como ‘un valle aislado, un edén fuera de la historia, fuera del tiempo’.

Luciano G. Egido, ensayista, poeta y narrador, premio Castilla y León de las Letras 2004.

Las obras de construcción comenzaron el 31 de agosto de 1883 a cargo de la Sociedad Financiera de París, que invitó al acto de inauguración a numerosas personalidades y medios de comunicación. Las crónicas de los periódicos cuentan que el ingeniero jefe, el polaco Wesolouski, en lo alto del monte del Pingallo, dio la orden para explosionar los barrenos, algo que tuvo que ser verdaderamente espectacular, porque en pocos minutos se sucedieron más de 1.400 explosiones. Hasta los pueblos de Hinojosa y La Fregeneda, con muy poca población, llegaron de repente cientos de personas procedentes de Extremadura, Galicia y Portugal, principalmente. En total, casi 2.000 trabajadores. Estos ferrocarrilanos, como así se les llamaba, no sólo aportaron mano de obra, sino que con ellos también vinieron otras culturas y formas de ver la vida, que inicialmente impactaron a los habitantes de Hinojosa y La Fregeneda. El Oeste de Salamanca se convirtió entonces en algo parecido a lo que fue en su tiempo el Oeste Americano.

Los pueblos, lógicamente, carecían de infraestructura para alojar a tantos trabajadores, quienes, en muchos casos, se vieron obligados a dormir a la intemperie. El trabajo era muy duro, soportando altas temperaturas en verano, con escasas medidas sanitarias que pronto tuvieron sus consecuencias. Sobrevinieron enfermedades, como la viruela, el paludismo o el tifus, que causaron cientos de muertes. También los accidentes laborales por las escasas medidas de seguridad fueron un auténtico mazazo para los trabajadores. Quizá el accidente más grave tuvo lugar durante la construcción del túnel uno, donde una explosión provocó una fuerte inundación, cobrándose la vida de más de una veintena de trabajadores.

Después de cuatro años de enorme esfuerzo y trabajo, la línea se inauguró por fin el 8 de diciembre de 1887. Dos locomotoras, una procedente de Portugal y otra de España, se juntaron en el puente internacional, lo que propició que un cronista de la época llegara a proponer que ese puente se llamara puente Ibérico, como símbolo de unión de los dos países a través del ferrocarril.

El rodaje del documental «Cielo, agua, tierra y metal. La vía férrea de La Fregeneda» fue una experiencia sensacional, porque me dio la oportunidad de conocer de diferentes maneras este lugar tan espectacular. Seguramente, lo más impactante fue hacer el viaje de ida y vuelta, desde el puente internacional en Barca D’Alva hasta La Fregeneda, en un vehículo propulsado por dos bicicletas enganchadas, cada una, a un extremo de una plataforma donde estaban instaladas dos sillas de playa. Su creador, el ingeniero portugués Antonio Cardino, bautizó aquel artefacto móvil con el nombre de UMP 300, término que, al escucharlo por primera vez, pensé en un cohete espacial.

El documental «Cielo, agua, tierra y metal. La vía férrea de La Fregeneda», dirigido por Eduardo Margareto, se presenta en el canal YouTube «Espacio Fronteira», con apoyo del FEDER y del programa Interreg España-Portugal 2014-2020, con motivo del Año Europeo del Ferrocarril 2021.

Hay ciertos hitos a lo largo del recorrido que me emocionan de manera especial. El túnel 3 dibuja una curva de 180 grados y justo en el centro del túnel no hay prácticamente nada de luz. En este punto existe una colonia única de miles de murciélagos. Resulta fácil saber cuando te acercas a su territorio, aunque no veas nada. El olor y, sobre todo, la pequeña montaña de excrementos, es la inequívoca señal de que te encuentras justo debajo de ellos. No comprendía muy bien cuando el escritor Luciano G. Egido recordaba que, durante su juventud, se acercaba con sus amigos a jugar en los túneles y, de repente, se encontraban a los murciélagos blancos. Pues es verdad, aunque realmente son muy negros, pero el efecto que provoca el contraluz tan fuerte de la boca del túnel, cuando los murciélagos buscan la salida, los convierte en tu mirada, en tus ojos, en murciélagos blancos por este efecto de la luz.

El puente de Poyo Valiente, de planta quebrada, es el único puente curvo metálico que hay en Europa. Ubicado entre los túneles 3 y 4, es una obra de ingeniería espectacular. Como los otros puentes, recuerda a las construcciones metálicas de Eiffel. Sin ninguna duda, la visión del puente curvo a la salida del túnel 3 es otro de los momentos mágicos del recorrido.

En el túnel 6, a mitad de recorrido, hay una puerta de entrada a un mirador, donde se puede observar una de las imágenes más bellas del cañón del río Águeda. Es como acceder al paraíso, puedes estar horas mirando y no te cansas. Es un paisaje muy singular, en el que la roca se funde con la vegetación y el río parece una herida plateada en el paisaje por los brillos en el agua.

Y, por último, el muelle de Vega Terrón, donde el río Águeda entrega sus aguas al padre Duero, que continua hacia Portugal en busca del mar Atlántico. En este punto se sitúa el último puente del recorrido, el puente Internacional que une España con Portugal. Justo en el centro de este puente está la frontera entre ambos países, una frontera que durante la inauguración de la línea, con ese beso de las dos locomotoras, quiso simbolizar su desaparición para pensar en una península Ibérica unida. 

El 1 de enero de 1985, después de casi cien años de funcionamiento, el tren de la línea férrea de La Fregeneda, realizó su último viaje. A pesar de las protestas y manifestaciones de los vecinos de la zona, los responsables consideraron que no era rentable económicamente.

Ahora, la Diputación de Salamanca ha realizado una inversión para que todo el tramo sea un recorrido seguro y, así, que todo el mundo pueda disfrutar de un paseo con riesgo cero. El poeta Antonio Colinas habla de estos lugares como ‘Ruinas Fértiles’ porque nunca mueren. Aquí empieza una nueva historia de uno de los lugares más impresionantes, donde el hombre ha sido capaz de unir de manera armónica el agua, la tierra y el metal.

AUTOR: Eduardo Margareto, director de «Cielo, agua, tierra y metal. La vía férrea de La Fregeneda» (2019) eduardomargareto@gmail.com

IMAGEN: Eduardo Margareto

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