CCPA, policía de frontera

En el corazón de la frontera hispano-lusa se encuentra una de las herramientas más importantes para combatir el crimen transfronterizo: el Centro de Cooperación Policial y Aduanera (CCPA) de Vilar Formoso-Fuentes de Oñoro.

Desde estas instalaciones, agentes y funcionarios de ambos países intercambian información en tiempo real, coordinan investigaciones y prestan apoyo a operativos que pueden desarrollarse simultáneamente a ambos lados de la Raya.

Su labor resulta esencial en la lucha contra redes criminales, el tráfico de drogas, la trata de personas o cualquier actividad delictiva que aproveche las fronteras para ocultarse.

Los Centros de Cooperación Policial y Aduanera (CCPA) son instalaciones internacionales de intercambio de información y apoyo operativo diseñadas para combatir la delincuencia transfronteriza y controlar las aduanas. Sirven como puente de colaboración entre las autoridades de distintos Estados miembros de la Unión Europea.

El día a día policial en un enclave fronterizo

La percepción del trabajo policial, a grandes rasgos, suele reducirse, de forma errónea, a las patrullas, operativos a gran escala, detenciones y delincuentes que son introducidos esposados en el coche policial.

Sin embargo, detrás de esas macro operaciones hay meses de coordinación silenciosa, intercambio de información entre países y agentes trabajando con el tiempo jugando en su contra para proteger a víctimas y evitar tragedias.

Esa realidad es la que se vive a diario en la frontera salmantina, en la Comisaría Conjunta de Policía Nacional en Fuentes de Oñoro, donde la colaboración entre cuerpos policiales españoles y portugueses se ha convertido en una herramienta fundamental para combatir el crimen transfronterizo y responder a situaciones que van mucho más allá de la persecución del delito.

En los CCPA fronterizos compartidos con Portugal (como los de Tui, Fuentes de Oñoro o Ayamonte) agentes de la Guardia Civil, la Policía Nacional y Aduanas trabajan conjuntamente bajo la coordinación del Ministerio del Interior.

El relato de la inspectora jefe Rosa Ana Lanero arroja luz sobre los entresijos de una labor tan vocacional como desconocida para gran parte de la ciudadanía. Operaciones en las que participan agentes de la Policía Portuguesa, la Guardia Civil y la Policía Nacional para resolver casos que, en ocasiones, atraviesan fronteras físicas y administrativas.

“Al final no se trata únicamente de detener a los autores de los hechos. Muchas veces hablamos de proteger personas, localizar víctimas o evitar que una situación termine de la peor manera posible”, explica.

La frontera como escenario operativo

La posición estratégica de la comarca convierte a la cooperación internacional en una necesidad y exigencia diaria.

El intercambio de información con las autoridades portuguesas, la vigilancia de movimientos sospechosos o la lucha contra diferentes modalidades de delincuencia organizada forman parte de la actividad habitual de los agentes destinados en la zona.

Los antecedentes de la relación entre Guardia Civil y la GNR se remontan al año 2009, con la firma de un Memorándum de Cooperación entre la Guardia Civil del Reino de España y la Guardia Nacional Republicana de Portugal firmado en Lisboa el 31 de marzo.

Entre sus prioridades figuran la detección de víctimas de explotación sexual y laboral, el control de determinados tráficos ilícitos y el seguimiento de investigaciones que requieren una coordinación constante entre ambos países. “El trabajo conjunto multiplica los resultados. Cuanta más cooperación existe, más posibilidades tenemos de actuar con rapidez y eficacia”, señala la inspectora jefe.

La tecnología y los sistemas de intercambio de información juegan además un papel cada vez más importante. “Las herramientas que tenemos son extraordinarias, pero el verdadero valor está en las personas que saben utilizarlas y en la coordinación entre equipos”, continúa.

Operaciones invisibles para el gran público

Detrás de cada investigación hay horas de vigilancia, análisis de información, coordinación entre unidades y una larga cadena de decisiones que rara vez son visibles para quienes observan únicamente el resultado final.

“Hay muchísimo trabajo que no se ve. La gente conoce una detención o una operación cuando ya ha terminado, pero detrás puede haber meses de esfuerzo de muchas personas”, asegura la inspectora jefe, que reivindica la profesionalidad de los agentes que trabajan tanto sobre el terreno como en labores de investigación.

CON INFORMACIÓN E IMAGEN DE María Rivas para www.salamanca24horas.com

Noticias Relacionadas

Un proyecto de

Un proyecto de

Categorías

Recibe por email las novedades

Loading